viernes, 13 de julio de 2007

Y un mensaje en el camino


Vendré un día y traeré un mensaje,
meteré luz en las venas,
y alzaré la voz:
¡Oh vosotros que tenéis la cesta llena de sueño!
Traigo manzana, manzana roja del sol.

Vendré, daré un jazmín al mendigo.
Obsequiaré otro zarcillo a la bella leprosa.
Diré al ciego: ¡Qué vistoso es el jardín!
Seré un errante, daré vueltas por los callejones.
Pregonaré: ¡Rocío, rocío, rocío!

Un pasajero dirá: Verdaderamente es una noche oscura.
Le daré una galaxia.
En el puente hay una chiquilla sin piernas,le colgaré la Osa Mayor del cuello.

Eliminaré todos los insultos de los labios.
Tiraré todas las paredes de su sitio.
Diré a los salteadores de caminos:
Ha llegado una caravana y su mercancía es la sonrisa.
Romperé las nubes.
Araré los ojos con el sol, los corazones con el amor,
las sombras con el agua y las ramas con el viento,
y juntaré el sueño del niño con el murmullo de los grillos.
Levaré globos al cielo.
Regaré las plantas.
Iré donde se están los caballos y las reses y les echaré verde hierba de caricia.
Para la yegua sedienta, traeré un cubo de rocío.
Para el burro viejo, espantaré sus moscas en el camino.

Vendré sobre todos los muros,
plantaré claveles.
Debajo de cada ventana recitaré un poema.
A cada cuervo daré un pino.
Diré a la serpiente: ¡Qué encanto tiene el sapo!
Haré amistad.
Daré reconocimientos.
Pasaré caminos.
Tomaré la luz.
Amaré.

Es del poeta iraní
Sohrāb Sepehri

La foto es de:
marc_l'esperance's



(Publicado en Colores el 01/09/06)

Barca




Dicen que es cayuco… pero no está claro si nos atenemos a la definición de Wikipedia. Porque estas barcas no son de una sola pieza. Pero eso no importa tanto.

En cualquier caso en Senegal, además de para pescar –sobre todo antes de que los caladeros fueran diezmados por los arrastreros europeos y asiáticos- se usan también para transportar personas que buscan más allá del Continente condiciones de vida mejor.

Ojala todos tengan suerte.



(Publicado en Colores el 21/08/06)

Comprender


Comprender es necesidad.

Endemoniado espíritu de inquietud.

Llamada a la que acudimos, a veces sin querer.

Es búsqueda infinita que buena práctica resulta y ha cuya tarea entregadas o entregados, nos pasamos –también a veces- tiempo.

Comprender hacia afuera y hacia adentro.

A través de los demás y de las cosas.

A pesar de los demás y de las cosas.

Comprender para seguir sin saber nada.


(Publicado en Colores el 27/07/06)

La orilla es frontera


La orilla es frontera, y más allá de ella, superada las rompientes; el mundo se vive mejor si tienes branquias, escamas, un par de aletas en el dorso, una caudal y… ganas de vivir o instinto, que más o menos lo mismo debe ser.

Pero ese mundo es un paréntesis entre dos tierras. Siempre sucede así. Más allá del mundo de los peces se vuelve a ver la tierra. Otra tierra. Aunque la misma Tierra. Y sobre esa tierra, casi siempre, hay gente. Unas veces, mucha gente. Otras… menos o casi nadie.

Y uno o tú, si quieres y estas en una orilla; puede hacerse preguntas. ¿Qué harán? ¿Qué pensarán? ¿Se imaginarán que imaginando estoy...? Mientras; las olas siguen rompiendo. No sabes si respondiendo o a sus cosas dedicadas. Pero siguen rompiendo. Sin preocupación. Con especialización. Como si nada de este mundo con ellas tuviera que ver. Ensimismadas. Impotentes para hacer otra cosa. Salvo volver al centro del mar –si es que pueden y tal hay- y otra vez iniciar el camino a toda costa a una costa; a cualquiera de ellas.

También los inmigrantes desde África. Imaginada negra a fuerza de oírlo. En pequeña barca -por eso barquilla-. A otra tierra se mueven “por sobre el mar”. Achicando agua y vómito. Para no hundirse. Porque de ese mundo no son y les conviene poco. Presurosos. Aunque en el motor nada puedan hacer para volar como lo hace el agua, cuando le da la gana y rompe contra la barca que, por ser pequeña, es barquilla y también puede, por mareo, creerse ola y… ¡Dios nos libre!

Olas y gentes. En un endiablado espacio grande y pequeño a la vez. Húmedo y frío. Oscuro por necesidad. Frontera siempre. Natural unas veces. Infranqueable frontera de la diferencia… las más. Porque la gente, y las olas, son diferentes. Entre si y las unas de las otras. Pero al contrario –pienso- que las olas. Las gentes parecen que encuentran en la diferencia un motivo de atención (¡las olas son tan poco atentas!) Y de esa atención terminan por crear tensión que, también como ola, se rompe en la cara de quien llega a la playa, en barquilla, “por sobre las olas del mar”; desorientado.


(Publicado en La página de los cuentos el 21/05/05)
(Publicado en Colores el 25/07/06)